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Los pobladores cuentan que el Chullachaqui es un ser misterioso de la selva. Su nombre significa “pies desiguales”. Es un hombrecito que vive en medio del bosque y tiene la capacidad de transformarse en un familiar o en una persona conocida, con la finalidad de llevar a sus víctimas al interior de la selva, donde posteriormente desaparece y deja a la persona perdida en la montaña. El Chullachaqui tiene la estatura de un enanito. Según cuentan, por donde pasa deja una huella parecida a la de un animal y otra a la de un ser humano. Sus ojos son de color rojo y quienes aseguran haberlo visto sienten mucho miedo. Tiene las orejas puntiagudas y una nariz larga, semejante a la de un duende maligno. Cuando se transforma en la apariencia de un familiar o de una persona conocida, por lo general conversa mirando hacia otro lado y nunca permite que le observen el rostro. Además, trata de poner los pies sobre las hojas secas para ocultar sus huellas. Por eso, los abuelitos decían que, cuando encontramos a alguien en el camino de la selva, debemos mirarle el rostro para comprobar si realmente es una persona conocida o si se trata del Chullachaqui. También se cuenta que el Chullachaqui roba a los niños para jugar con ellos, pero después los devuelve sin hacerles daño. Muchos pobladores dicen que es un guardián de la selva, por lo que le tienen respeto y temor. Según la tradición, puede castigar o premiar a los campesinos de acuerdo con su propio criterio. La única forma de reconocer al Chullachaqui es observando cuidadosamente su rostro y, sobre todo, sus pies. Al mirar sus huellas o notar que uno de sus pies es diferente o deforme, rápidamente se puede descubrir su verdadera identidad.
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El Chullachaqui también es conocido como “El Shapshico” o, en la selva de Pachiza, como “El Shapyshico”. |